domingo, 18 de julio de 2010

El hermoso mundo de los juguetes

 
 
Corría el año de 1995 cuando la casa de animación Pixar presentaba al mundo lo que sería la primera película hecha completamente por CGI. 
Su servidor, apenas un niño de 10 años, se sentaba por primera vez en una sala de cine (los asquerosos multicinemas de lomas verdes que distaban mucho del concepto auténtico de un cine) y se dispuso a admirar la primera obra maestra de la que se convertiría en la ama y señora de las productoras de películas animadas de todo mundo hollywoodense.
 
15 años después, apenas hace unas semanas, me encontraba sentado en la sala de cine dispuesto a admirar la obra definitiva de los estudios Pixar, la tercera parte de lo que hace una década y media se cimentaría como una franquicia que volvería locos a miles y miles de niños alrededor del globo... Toy Story 3 comenzaba a proyectarse en la pantalla.
 
Si les soy sincero, me costaba trabajo creer que una tercera entrega en esta saga pudiera hacer justicia a las anteriores 2 partes las cuales, a mi opinión, eran todas unas obras de principio a fin; me preguntaba qué tanto de nuevo podrían contarnos sobre una historia que parecía haberlo contado todo.
Tras observar el pequeño corto que antecede al filme estelar (tradición de pixar desde hace ya unos cuantos años) las dudas se me comenzaron a disipar, con solo 6 minutos de sublime animación y escasos diálogos, logran contar una historia visualmente hermosa y por demás conmovedora.
Sería después de eso que me embarcaría en el viaje, comenzando con una secuencia de factura impecable (parodiando al cine fantástico de serie B) que sólo los genios de pixar podrían saber aterrizar al argumento de la película, correrían los 103 minutos más hermosos que una película animada hayan podido contar. 103 minutos en los cuales Ham, Rex, Barbie, los señores cara de papa, Jessie, Bullseye, Slinky, Buzz y Woody vivirían una de las más grandes peripecias de toda su existencia: llegar por equivocación a una guardería donde, a pesar de las apariencias, nada es color de rosa; introduciendo nuevos personajes secundarios con una profundidad argumental que nada le pide a los personajes principales, brindándonos por igual secuencias que te mantienen al borde de la butaca generando la más genuina tensión sobre el porvenir de nuestros héroes de juguete como atinadas e hilarantes escenas de comedia involuntaria, para finalmente culminar en uno de los desenlaces más conmovedores que estos ojos han tenido la oportunidad de ver.
 
¿Cual es el mayor mérito de Toy Story 3? Que todos aquellos  que nos sentamos a ver la primera entrega hace ya largos 15 años y que quedamos cautivados con la fábula que nos presentaba en aquel entonces John Lasseter, volvimos a sentirnos niños una vez más durante la hora y media que la pantalla nos encadenó a nuestros asientos... que, con lágrimas en los ojos, producto de una increíble emoción, al ver correr los créditos, me quedó claro, por si alguna vez lo llegué a dudar, que la casa de animación Pixar es y seguirá siendo uno de los más grandes gigantes de la industria del celuloide, unos artesanos y poetas del lenguaje fílmico del cual, todo buen cineasta debería aprenderles algo.

1 comentario:

  1. Asi es, Toy Story es un clásico, no sólo por el simple hecho de haber presentado una película por primera vez en la historia del cine hecha en 3D, sino porque la histoia, lejos de ir decayendo (como ha sucedido con otras películas) ha sabido reinventarse, encontar nuevos personajes (como el payasito por jemplo) y ha sabido sobre todo ser coherente con lo que cuenta.

    ResponderEliminar